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«Queremos que las tropas rusas salgan del país»

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Moldavia se estremeció con la invasión rusa de Ucrania. A la tragedia del país hermano con el que comparte, entre otras cosas, frontera a norte, este y sur, se unió un mal augurio. Que Vladímir Putin continuara su expansión hacia el oeste, hasta Chisinau y hasta las puertas rumanas de la OTAN. 

No invitaba al optimismo la realidad de la región separatista de Transnistria, con tropas rusas asentadas ilegalmente desde el colapso soviético. Tampoco que los moldavos, como los ucranianos, hayan perdido los reparos. Votan mayoritariamente a las opciones liberales y proeuropeas, a pesar de las reminiscencias del pasado soviético, y soportan con menos y menos paciencia los chantajes de los oligarcas afines al Kremlin. 

Moldavia es, desde junio del pasado año, candidata a integrarse en la Unión Europea, que ayuda como puede a la pequeña república con transferencias millonarias y envíos masivos de gas desde Rumanía. Al tiempo, el Gobierno de Maia Sandu progresa a duras penas en las reformas exigidas.

Pero en el camino se cruza con los esfuerzos perversos de los agentes del Kremlin. Bloqueos del suministro de luz y gas, mediante Gazprom. Protestas financiadas por los oligarcas. Campañas de desinformación constantes. Variadas formas de presión, en fin, para que los moldavos desistan. Nicu Popescu (Chisinau, 1981), ministro de Asuntos Exteriores e Integración Europea, en su visita a Madrid, no lo esconde. 

¿Qué mensaje trata de enviar el Kremlin?

No voy a interpretar la situación en esos términos. Lo que puedo decirte es que la guerra nos está afectados de muchas maneras. Mina nuestra seguridad, nuestra paz, nuestra estabilidad social. Socava nuestro bienestar económico, nuestra seguridad nuclear, nuestra capacidad para exportar. Y desde que Rusia comenzó a bombardear las infraestructuras energéticas de Ucrania, el daño se ha magnificado.

Sufrieron largos apagones.

El más importante fue el 21 de noviembre, cuando casi el 90% del país se quedó sin electricidad durante 72 horas. Pero, al mismo tiempo, no hemos sufrido más apagones desde entonces. Sí, hay otros problemas con el mismo origen. En varias ocasiones, misiles rusos han sobrevolado nuestro espacio aéreo. Pero, a fin de cuentas, no es lo habitual. La economía está creciendo. Impera la paz. El espacio aéreo está abierto.

Pero el daño económico es inmenso.

Moldavia lleva años diversificando su estructura comercial, especialmente desde la firma del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. Reorientamos significativamente nuestras exportaciones y, ya antes de la guerra, el mercado ruso apenas representaba el 9% de las exportaciones. El de Bielorrusia anda sobre el 3%. Nuestros vínculos con la UE son mucho más profundos, y eso nos ha ayudado a ser más resilientes en el frente económico.

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¿Cómo se han sobrepuesto al cierre de rutas y al bloqueo del puerto de Odesa?

Está claro que parte de nuestras importaciones y exportaciones eran a través de Odesa, en Ucrania. Se complicó y lo sustituimos por Rumanía y Bulgaria, lo que nos resulta más caro. Los precios han subido. La inflación creció hasta el 35% el año pasado. Pero hemos hecho enormes esfuerzos para ayudar a los empresarios y no hemos visto comprometida la disponibilidad de alimentos. Seguimos ampliando nuestros mercados. Sobre todo para los productos agrícolas, que son los más dependientes de Rusia.

Pudo ser peor.

Sin duda, el periodo más oscuro fue al inicio de la guerra. Incluso tres o cuatro meses antes nos preparamos para esa posibilidad, cuando nos advirtieron desde Estados Unidos y otros países occidentales. Pero no esperábamos nada parecido a lo que vino. No imaginamos ataques a gran escala, en Kyiv, en Odesa. El impacto psicológico. El número de refugiados.

Ningún país soportó la presión de Moldavia en los primeros meses.

No fue fácil. Acogimos a cientos de miles de personas en domicilios privados. Recibieron asistencia, mantas, comida, transporte. El Estado estuvo a la altura, y esto me lleva a ser optimista sobre nuestra capacidad para salir adelante, para cooperar en la búsqueda de soluciones para la región. Sin duda, ha sido un año pésimo. Pero, si lo comparamos con el escenario de febrero y marzo, cuando tuvimos que prepararnos para la posible llegada de tanques a nuestras fronteras, a buen seguro con la intención de atravesarlas, resulta menos dramático.

¿Cómo digirió la incertidumbre?

Desde luego desarrollas cierta resistencia psicológica, incluso política. Muchos de nosotros tenemos familiares y amigos en Ucrania, entre ellos mi colega Dmitró Kuleba [ministro de Exteriores de Ucrania]. Pase lo que pase en Moldavia, la situación es infinitamente mejor que en Ucrania. Y los ucranianos son un ejemplo de coraje y valentía. Resisten. Combaten. No se dejan intimidar por el frío, el fuego ruso o la falta de suministro energético. No lo olvido. No tenemos demasiado margen para la queja.

Comparten con Ucrania estatus de candidatos a la UE. Más allá de las reformas necesarias, ¿han alcanzando un consenso interno?

Por tradición, tenemos una mayoría proeuropea. Es cierto que existe una minoría con otras preferencias geopolíticas. Somos un país extremadamente expuesto a la propaganda rusa en la televisión. Pero, con sus votos, los moldavos prueban su voluntad. Y le diré algo más. Tenemos una fuerte mayoría europeísta, pero contamos con una mayoría todavía superior de moldavos que desean vivir en paz. Y esto implica, fundamentalmente, que nos unamos a la Unión Europea.

¿Sugiere que la guerra está uniendo a los moldavos?

Incluso quienes han votado tradicionalmente por partidos prorrusos no quieren vivir en una zona de guerra. No quieren vivir en un estado autocrático donde su voto no cuenta. ¡Disfrutan de las virtudes de la democracia! Algunos de ellos han protestado contra el Gobierno. Pero sólo un país europeo y democrático respeta su derecho a la protesta, su derecho a votar por partidos antieuropeos. Lo que une a todos los moldavos es la voluntad de vivir en paz y en democracia. Basta con encender la televisión para ver la destrucción que dejan los bombardeos y los carros de combate. ¿Qué moldavo va a querer vivir en un lugar así? Ninguno. Y la única manera de mantener nuestro país en paz, a salvo, es con la integración en la Europa democrática.

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¿Cuál sería el encaje de Transnistria?

Es cierto que tenemos el territorio separatista de Transnistria, con presencia militar ilegal de Rusia. Pero la situación es tranquila, en estos momentos. Cientos de personas van de un lugar a otro de Moldavia cada día. Insisto: los moldavos que viven en Transnistria tampoco desean vivir en una zona de guerra. Sufrimos el problema del separatismo. Pero buscamos una solución pacífica. El Gobierno al completo está en contacto con las autoridades de facto en la región para garantizar la armonía.Tenemos un viceprimer ministro con esa asignación exclusiva. No será fácil. Pero existe el compromiso mutuo, a un lado y otro del río Dniéster, de alejar la guerra de nuestro país y de gestionar nuestras diferencias con el diálogo.

No parece un problema que vaya a solucionarse pronto.

Es difícil predecir cómo y cuándo lo arreglaremos. Dependerá de cómo acabe la guerra y cuándo. Porque la guerra tiene un impacto directo en el estatus de las conversaciones con las autoridades transnistrias. Pero, desde luego, queremos la reintegración y la retirada de las tropas rusas estacionadas ilegalmente allí. Y nada de esto afecta al funcionamiento del Estado moldavo ni a nuestra hoja de ruta europea.

¿Tienen un plan claro para expulsar a las tropas rusas?

Lo que tenemos claro es el objetivo de alcanzar la situación en la que Rusia los retire. Y el camino para conseguirlo será la negociación, el diálogo. Hagamos lo que hagamos, será por la vía pacífica, por la vía diplomática. Estamos muy comprometidos con el mantenimiento de la paz en Moldavia, y la única forma de reintegrar nuestro país para resolver el conflicto oriental y hacer que las tropas rusas se retiren es a través de la diplomacia.

Sí, no será sencillo. No lo ha sido en los últimos treinta años. Pero es la única vía que contemplamos.

Usted asistió al encuentro de la OTAN de noviembre. Su Gobierno ya no oculta que baraja renunciar a la llamada neutralidad…

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Hay que aclarar que Moldavia tiene una constitución que certifica la neutralidad del país desde 1994. Pero es evidente que, en estos momentos, una sola linea de la Constitución no es suficiente para garantizar la seguridad del país. Por eso procuramos mejorar nuestras capacidades defensivas. Por eso llegamos a acuerdos de seguridad con países y organizaciones que respaldan nuestra democracia y nuestra libertad.

Es decir, la OTAN y la Unión Europea.

Sí, y miembro a miembro. Tenemos una relación muy buena con España, cada vez más conversaciones sobre asuntos de seguridad. Este mismo martes me he reunido con la ministra de Defensa [Margarita Robles]. El pasado otoño nos visitó. Tenemos que darnos cuenta de algo. Que la neutralidad esté declarada en la constitución no implica que estemos condenados al aislamiento, la desmilitarización y la indiferencia ante el desprecio brutal de las leyes internacionales. Por eso ampliamos nuestra cooperación con quienes nos ayudan a mantener la paz en Moldavia. Y eso incluye a la OTAN.

¿Cómo afrontan las presiones de las elites prorrusas para impedir los acercamientos a Occidente y las reformas proeuropeas?

Las reformas están progresando. Pero, sí, Moldavia tuvo Gobiernos extremadamente corruptos en el pasado y contamos con un largo legado de oligarcas escondidos en otros países que emplean el dinero extraído para, continuamente, desestabilizar la política interna. Ahora, hay dos oligarcas clave que han sido sancionados por Estados Unidos y Reino Unido. Estamos en conversaciones con la UE para que sancione a algunos de los oligarcas que financian la guerra híbrida contra Moldavia. Sí, es una realidad. Pero tenemos que sobreponernos. Tenemos que mejorar nuestro sistema judicial y para ello trabajamos con un panel internacional de reconocidos juristas que, en esencia, están diseñando un sistema más efectivo contra la corrupción.

Están agitando las calles contra su Gobierno, en un país donde hace treinta años hubo una guerra civil. ¿Teme una escalada interna o incluso un golpe de Estado?

Yo soy optimista. Creo que triunfaremos. Mantendremos la paz en Moldavia y entraremos en la Unión Europea. Pero no sabemos cómo será el futuro. Estamos obligados a prepararnos para una amplia gama de posibilidades. Hasta las peores, que incluyen amenazas militares en nuestro propio país. Diseñamos respuestas. Trabajamos para afrontar cualquier escenario. La situación de la región no es favorable. El peligro no cesa. Las amenazas persisten por culpa del separatismo. Pero cada vez somos más fuertes y contamos con el apoyo de toda Europa, la OTAN, los Estados Unidos, Canadá, Japón.

Usted conoce bien Rusia. ¿Se hace una idea de cuántos cientos de miles de rusos podrá movilizar Putin antes de que se levanten contra su Gobierno?

Sinceramente, no.

Guerra Rusia -Ucrania

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