1671925507 por que el ADN nos empuja a ser de izquierdas

En el artículo de hoy, compartimos el artículo sobre por qué el ADN nos empuja a ser de izquierdas o derechas. Puede encontrar detalles sobre por qué el ADN nos empuja a ser de izquierdas o derechas en nuestro artículo.

La polarización política no sólo está afectando actualmente a España, sino que muchas de las democracias occidentales atraviesan un período similar. Aunque clasificar a la sociedad en dos grandes secciones —de izquierdas o de derechas— no es para nada nuevo, en los últimos años este muro invisible parece más evidente. Ahora bien, todos sabemos que, en realidad, cambiar de mentalidad política a lo largo de la vida no sólo es posible, sino que es frecuente observar este fenómeno a nuestro alrededor.

Muchos científicos se han interesado en saber por qué pensamos de la manera en que lo hacemos: ¿votamos en función a lo que hemos aprendido o esta preferencia se encuentra determinada? Parece que la respuesta se encuentra en un término medio. Sí, votamos en función de lo que hemos aprendido en casa, de nuestra experiencia y de la gente con la que intercambiamos ideas. Sin embargo, los científicos también han encontrado una fuerte influencia de nuestros genes a la hora de decidir qué papeleta introducimos en la urna.

Pero, si llevamos nuestra preferencia política grabada a fuego en el ADN, ¿en qué podemos notarlo? «En muchas ocasiones se hace muy difícil darse cuenta de la contribución de los genes», reconoce Manuel Pérez-Alonso, catedrático de Genética en la Universitat de València (UV) y socio fundador de Mendel Brain. «Por lo general, los miembros de una misma familia suelen tener un voto similar, pero esto se puede relacionar tanto a la genética como al entorno». Es decir, puede que ser el liberalismo impregne las células de una familia, que entre ellos se hayan convencido de este pensamiento o ambas cosas.

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Genes políticos

Pérez-Alonso explica que este es un campo interesante de la genética y la psicología, pero que todavía no existen estudios masivos, sino más bien ciertos resultados que indican que los genes tienen mucho que decir sobre las ideas políticas del portador. Uno de los grandes trabajos en este sentido fue publicado en el año 2014 en la revista científica Behavior Genetics y que recopila datos de más de 12.000 parejas de hermanos gemelos de nueve estudios diferentes realizados en cinco países democráticos.

Este estudio revela dos datos interesantes: el primero de ellos es que hasta la genética influye hasta en un 40% sobre lo que votamos y el 60% restante depende del ambiente en el que vivimos; el segundo, que no existe un gen de izquierdas o de derechas, sino que la preferencia política viene dictada por miles de marcadores genéticos con pequeños efectos. «En la última década, el desarrollo de la Genética nos ha llevado a observar que tiene mucho que ver con nuestra psicología y con la Sociología», cuenta el genetista.

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Ni los genes ni el cerebro se rigen por los conceptos políticos que los humanos hemos armado, sino que, más bien, los estudios han encontrado marcadores que se pueden relacionar con conductas que nosotros llamaríamos liberales o conservadoras. Por ejemplo, Pérez-Alonso explica que estos estudios han identificado algunos genes que se relacionan con la búsqueda de la novedad. En este sentido, las personas que cuentan con una alta concentración de estos genes han sido asociadas con liberales o progresistas.

El poder del entorno

¿Por qué? Pues porque la búsqueda de la novedad podría asociarse en la esfera política con una mayor tolerancia a los cambios, un menor rechazo a las ideas que vienen de fuera o a ciertos colectivos. Otros genes que se han relacionado con las ideas políticas son los que se han asociado al grado de extroversión de una persona o con la recompensa al esfuerzo a través de la dopamina. Ahora bien, científicamente no pueden determinarse que unos genes sean mejores que otros: si estos rasgos han llegado hasta nuestros días es porque la selección por supervivencia o reproducción no les ha afectado. 

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En cualquier caso, Pérez-Alonso sostiene que los genes no son 100% determinantes: «Afortunadamente, el cerebro es más que los genes; nunca vamos a poder decir que estamos determinados por la genética en cuanto a la política, sino que, más bien, tenemos una tendencia a ciertos pensamientos». La influencia del ambiente en las ideas políticas puede abarcar aspectos entre los que se encuentra el contexto, nuestro círculo social, la educación o, incluso, la personalidad. 

En este artículo de EL ESPAÑOL, el neurocientífico Facundo Manes explica que nuestras ideas políticas también funcionan a modo de identidad y que votamos para mantenernos fieles a ella y encajar en una tribu. «Si eres un científico del Midwest americano, en un entorno pro Donald Trump y todo el mundo niega el cambio climático, tenderás a minimizar el problema ambiental. Aunque tengas los datos que lo confirman, lo identificas como un pensamiento de izquierda y progresista, que no pertenece a tu tribu».

El destino en los genes

El estudio de cómo nuestros genes influyen en nuestra psicología está todavía dando sus primeros pasos y los expertos ya debaten sobre cómo de determinante puede llegar a ser nuestro material genético en nuestro propio destino. Para indagar más en este campo, Pérez-Alonso se ha embarcado junto con un equipo multidisciplinar en la investigación de este campo en la Universitat de València. 

Además, su empresa Mendel Brain ha desarrollado un test genético con muestras de saliva que está aprobado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) para conocer ciertos rasgos emocionales y del cerebro que llevamos escritos. «Conocer cierta información como, por ejemplo, si tenemos una tendencia genética a padecer niveles más altos de estrés, puede ser liberador para la persona que lo padece y, sobre todo, le permite trabajar en su prevención», razona el catedrático de la UV.

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