1672407323 Nadie debe saber a que te dedicas

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Rosa Sánchez de la Vega, más conocida en RR.SS. como @rosa_pasapágina, debuta en magasIN. En Autoras de palabra con Rosa, que también se ofrecerá en podcast, disfrutaremos de sus charlas distendidas junto con las autoras top literario del panorama nacional e internacional.

Un espacio en el que cada escritora desgrana su obra de forma apasionada durante toda la entrevista. El programa se estrena con la novela Licencia para espiar, de Carmen Posadas. Un recorrido por la historia del espionaje en paralelo a la sociedad, con métodos no siempre ortodoxos.

Servir y callar como normas imprescindibles en el espionaje. Si le añadimos inteligencia, valor, mucho ingenio y mano izquierda hablamos del espionaje en femenino y su influencia en acontecimientos decisivos.

«¡Bienvenida a las tinieblas!» No es el saludo con el que Carmen recibe en su casa a Rosa, pero sí fueron las palabras con las que recibió a Carmen Posadas el ama de llaves de la embajada de Uruguay en Moscú.

Ella le contó que «una terrible leyenda planeaba sobre la casa que había pertenecido a un rico comerciante moscovita. Loco de celos, asesinó a su mujer, descuartizando y quemando su cuerpo en la chimenea». Carmen lo creyó, a juzgar por el tamaño tan enorme de la misma, donde cabía de pie junto a su hermana.


¿Todas las embajadas tenían su fantasma? 

La leyenda servía para espantar a las mujeres de los embajadores. De esta forma, les colocaban una novia rusa que en realidad era una espía. Curiosamente, el fantasma siempre aparecía cuando el marido se ausentaba de casa. Lo intentaron con mi madre, hasta que se dio cuenta de que el espectro hablaba en español.

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¿Tu primer doctorado en gestos ajenos fue a los seis años?

Me veo asomada entre los barrotes de la escalera de nuestra casa de Uruguay. Mis padres eran muy sociables, y siempre estaba llena de gente. Veía y oía, sin hacer el menor ruido. Yo lo llamaba «mirar a los grandes».

Reclutar a futuras espías entre las campesinas…

Estas señoritas que siempre veíamos en los salones eran escogidas por los pueblos, cuanto más remotos mejor. Siempre a las más guapas e inocentes, les decían a sus padres que iban a trabajar para el gobierno, que tendrían noticias. Nunca más sabrían de estas pobres niñas. Las instruían en el manejo de las armas, venenos y todo tipo de artes amatorias. El sexpionaje.

Licencia para espiar cronológica y geográficamente…

Moisés envía a un espía por cada tribu de Israel por orden de Yahvé. Doce en total. Su misión: conocer la tierra prometida. Pero aquello acabo en un fiasco. La intervención de una prostituta de Jericó será decisiva convirtiendo a Rahab en la primera mujer espía de la historia.

Devoto del espionaje fue Julio César. 

La soberbia anula la inteligencia. A pesar de ser advertido para que no acudiera al senado, Julio César se metió en la boca del lobo y murió.

En plena edad media había dos redes internacionales…

La inquisición y los juglares que iban de corte en corte y también a las cabañas y cavernas. Tenían una fuente de información muy fidedigna y la llevaban de un lado a otro.

El bambú para castigar errores y apuntar al cielo, porque solo los dioses deberían conocer quienes eran las comedoras de veneno.

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A las doncellas se les administraba, desde niñas, veneno en pequeñas dosis. Las que sobrevivían se convertían en las “doncellas venenosas”: podían matar con un simple beso.

En el Nuevo Mundo, Malintzin, princesa, esclava, espía.

Hernán Cortes posiblemente nunca hubiera podido conquistar Mexico si no hubiera sido por Malinche.

Si hay que mentir se miente, si hay que engañar se engaña y si hay que matar se mata porque la causa lo justifica todo.

África de las Heras entregó su vida a la KGB. Y mató sin dudar también a su marido.

¿Qué estarías dispuesta a hacer si…?

Nadie debe saber a qué te dedicas.

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